“Seguridad para las familias”, decía Fidel Castro al hablar de lo que representó para el pueblo cubano tener a su disposición, como parte del sistema nacional de salud, un centro de avanzada como el Cardiocentro Pediátrico William Soler, en La Habana.
Desde los primeros días de 1986 y hasta hoy, cuando esta institución —diseñada para brindar atención médica, intervencionista y quirúrgica mediante servicios de hospitalización y ambulatorios, así como servicios de investigación diagnóstica y rehabilitación integral en los niños con enfermedades cardiovasculares y los adultos con cardiopatías congénitas— se apresta a cumplir, el próximo 26 de agosto, sus tres décadas de fundada, la historia le ha dado infinita razón.

