por: Elson Concepción Pérez
Es difícil de explicar y más difícil aún de convencer con argumentos banales, el tema de la presencia de millones de armas de fuego en manos de la población estadounidense; y el balance luctuoso que se hace cada año de las víctimas que provocan.
¿Cómo entender que el país más desarrollado del planeta y que dice ser el más democrático, no pueda institucionalmente poner freno a esa especie de convivencia con la muerte, que, como promedio, cada año suma unas 30 000 víctimas?
